El jardín de invierno de la base militar estaba decorado con una delicadeza que Diamond encontraba sofocante.La enorme mesa de té, cubierta con manteles de encaje y porcelana fina, parecía un altar dispuesto para un sacrificio.Diamond se preguntaba qué hacía allí, rodeada de mujeres que la miraban como si fuera una mancha de aceite en un lienzo de seda.Había intentado negarse, pero Celine se había mostrado tan genuinamente emocionada por la invitación, tan esperanzada en que este evento sirviera para que Diamond fuera finalmente aceptada, que no tuvo corazón para rechazarla.Ahora, se arrepentía amargamente.Diamond estaba sentada en un extremo, envuelta en su habitual silencio sepulcral, manteniendo una sonrisa humilde que era, en realidad, un escudo de acero.Al otro lado de la mesa, Sienna era el sol alrededor del cual todas las demás orbitaban.—Señorita Sienna, ese vestido de color blanco queda perfecto con su labial rojo, es tan hermosa —comentó una de las presentes, con la v
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