El aire en la oficina de detención de la base militar vibraba con una tensión eléctrica.
Mark Sinclair, el subcapitán, caminaba de un lado a otro, con las botas resonando contra el suelo de piedra en un eco de furia contenida.
Había llegado al jardín de invierno justo cuando el mayor Aiden Ivolet levantaba la mano para asestar un segundo golpe a Diamond.
Mark no lo había pensado dos veces; se había interpuesto con la fuerza de un muro, alejando al Mayor de un empujón y recordándole, entre dient