La oficina de mando de la mansión North se había convertido en una olla a presión.
Ridell North caminaba de un extremo a otro con la ferocidad de un león enjaulado, cada paso resonando como una advertencia de muerte sobre el suelo de madera. Sobre su escritorio, el teléfono móvil descansaba como una granada a punto de estallar.
A su alrededor, el aire era tan denso que parecía difícil de respirar.
El patriarca North permanecía sentado en un rincón, con el rostro pálido y las manos aferradas a l