La entrada al salón del Gran Hotel Transilvania no era simplemente una puerta; era el umbral a un foso de leones cubierto de terciopelo y cristales de Bohemia.
Diamond sintió el aire gélido de la noche golpear sus talones por última vez antes de que las pesadas hojas de roble se abrieran.
Dejó escapar un pequeño suspiro, un rastro de vaho que se disipó rápidamente.
Su cuerpo, aún resentido por las marcas que el terciopelo azul ocultaba con una ironía cruel, se tensó instintivamente.
Sintió la p