Capítulo 82. No puede hacer ruido.
—Shhh... mi vida, shhh... —susurró ella, pegando su boca a la oreja del niño, rogando—. Silencio, por favor.Pero el bebé tenía hambre y frío. El "gñññ" subió de tono. Iba a llorar. Y en el silencio del mar nocturno, el llanto de un bebé viajaría como una sirena de niebla. Si los de la patrullera tenían micrófonos direccionales y Massimo sabía que los tenían, un solo grito los condenaría.Massimo, agazapado junto a ella en la oscuridad, le apretó el brazo. No dijo nada, pero el mensaje fue claro: No puede hacer ruido.El sonido de las turbinas de la patrullera creció. Estaban cerca. Muy cerca. El barco militar cortó el agua a menos de cien metros. La ola generada por su paso golpeó la lancha Zodiac, haciéndola balancearse violentamente de lado a lado.Alessandro abrió la boca para gritar.Diana no lo pensó. Fue un instinto de supervivencia animal.Desabrochó su camisa y se pegó al bebé al pecho, pero al mismo tiempo, colocó su mano sobre la boca y la nariz del niño, amortiguando el s
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