Capítulo 90. La herencia del león.
El olor que salió de la caja fuerte no era a polvo. Era a metal y a papel moneda.
Massimo metió la mano y empezó a sacar el contenido, poniéndolo sobre el escritorio polvoriento.
Primero, el dinero.
Fajos de billetes. Muchos. Pero no eran dólares. Eran liras italianas, millones de ellas, ahora papel sin valor. Massimo maldijo por lo bajo y las apartó. Pero detrás de las Liras, había paquetes más pequeños, envueltos en plástico sellado al vacío.
Massimo rasgó uno con la uña.
Euros. Billetes de 5