Capítulo 82. No puede hacer ruido.
—Shhh... mi vida, shhh... —susurró ella, pegando su boca a la oreja del niño, rogando—. Silencio, por favor.
Pero el bebé tenía hambre y frío. El "gñññ" subió de tono. Iba a llorar. Y en el silencio del mar nocturno, el llanto de un bebé viajaría como una sirena de niebla.
Si los de la patrullera tenían micrófonos direccionales y Massimo sabía que los tenían, un solo grito los condenaría.
Massimo, agazapado junto a ella en la oscuridad, le apretó el brazo. No dijo nada, pero el mensaje fue cla