Capítulo 89. La caja fuerte.
Massimo se puso una camisa de franela vieja que Gaetano había sacado de un baúl. Le quedaba estrecha en los hombros, tensándose con cada movimiento, pero estaba seca y olía a naftalina limpia.
Diana se había cambiado a unos pantalones de lana y un jersey grueso de cuello alto que la hacían parecer más pequeña, pero sus ojos verdes barrían el pasillo con la precisión de un halcón.
—Por aquí —dijo Gaetano.
El viejo guardián cojeaba por el pasillo del ala norte, haciendo sonar el manojo de llaves