Capítulo 84. La nueva vida empezaba.
—Yo abro camino —dijo Renzo, sacudiéndose el agua como un perro mojado—. Massimo, tú vas detrás de Diana. Si ella resbala, tú eres su seguro. Andrea, tú en medio.
Comenzaron el ascenso.
Fue una tortura física. El sendero era apenas una línea de tierra suelta y rocas afiladas, de no más de medio metro de ancho, que zigzagueaba por la cara del acantilado. Estaba resbaladizo por la lluvia reciente y la humedad del mar.
Subían a gatas la mayor parte del tiempo, agarrándose a raíces de arbustos duro