Capítulo 88. El león había vuelto.
Diana se ajustó el abrigo, se calzó unas botas de cuero que Gaetano había dejado junto a la puerta y salió al patio.
El aire frío la golpeó en la cara como una toalla mojada. Olía a resina fresca, a madera cortada y a tierra húmeda.
Massimo no se detuvo cuando ella abrió la puerta. Estaba concentrado en un tronco nudoso que se resistía. Levantó el hacha. Sus bíceps se tensaron como cables de acero. Bajó el filo.
¡CLANG!
El metal chocó contra un nudo duro, vibrando. Massimo soltó una maldición e