Capítulo 49. El infiltrado en el sur.
Renzo no se llevó el teléfono a la oreja. Apretó un botón en la pantalla de cristal.—Conecta la videollamada segura al monitor dos —le ordenó Renzo a Valentina.Ella asintió. Sus dedos volaron sobre el teclado inalámbrico. Ingresó los códigos de encriptación.La pantalla derecha del escritorio de caoba parpadeó. La imagen se aclaró en un segundo.La cara de Massimo apareció en el monitor gigante.Llevaba una camisa azul clara sin corbata. Las mangas dobladas. A su espalda, el sol brillante de la tarde entraba por un ventanal. Se veía el mar azul y las grúas inmensas del puerto viejo de Palermo. Massimo estaba en Sicilia. En las oficinas de su propia empresa, a escasos metros del territorio enemigo.—Habla, hermano —dijo Massimo. Su tono era relajado, pero atento—. ¿Qué pasa en Milán?—Santoro está robando la empresa de mi familia en la propia cara de mi padre —soltó Renzo. Sin saludos. Sin preámbulos. Su voz grave resonó en los altavoces de la oficina—. Y nos está usando como mulas d
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