Capítulo 49. El infiltrado en el sur.
Renzo no se llevó el teléfono a la oreja. Apretó un botón en la pantalla de cristal.
—Conecta la videollamada segura al monitor dos —le ordenó Renzo a Valentina.
Ella asintió. Sus dedos volaron sobre el teclado inalámbrico. Ingresó los códigos de encriptación.
La pantalla derecha del escritorio de caoba parpadeó. La imagen se aclaró en un segundo.
La cara de Massimo apareció en el monitor gigante.
Llevaba una camisa azul clara sin corbata. Las mangas dobladas. A su espalda, el sol brillante de