Capítulo 54. La jugada de Renzo.
Renzo cerró los ojos. Sus manos seguían apretando el borde del escritorio de caoba. Los nudillos blancos.
—Te di ese cincuenta por ciento para darte poder, Valentina. No para ponerte una diana en el pecho.
—El poder tiene un precio, Renzo. Los dos lo sabemos.
Renzo soltó el escritorio de caoba.
Agarró las dos manos de Valentina que rodeaban su cintura. Sus dedos callosos acariciaron el dorso de las manos de ella.
Giró sobre sí mismo lentamente.
Valentina no lo soltó. Solo dejó que él se voltear