Capítulo 58. Fuego en las venas.
—Ahí tienes a tu hombre, Calabria —dijo Renzo a la pantalla de televisión—. Vayan a buscarlo a una celda de máxima seguridad si tienen el valor.Marco dio un paso al frente en la oficina. Bajó el control remoto.—Operación táctica limpia, jefe —dijo el jefe de seguridad. Su tono era de puro respeto militar—. Desmantelaron toda la red de carga en el muelle. Ningún civil herido. Ningún daño a los barcos.Renzo no lo miró. No apartó los ojos de su esposa en ningún momento.—Sal de la oficina, Marco. Sigue vigilando el perímetro del penthouse. No quiero errores hoy.—Sí, señor.Marco se dio media vuelta rápida. Salió de la oficina. La puerta de caoba se cerró a sus espaldas. El seguro de acero volvió a encajar con un clic metálico rotundo.Estaban solos de nuevo. Aislados del mundo exterior.El ruido ensordecedor de las sirenas y los gritos de la televisión seguía llenando la habitación.Pero la tensión en el aire cambió por completo en una fracción de segundo.El pánico a la amenaza dire
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