Capítulo 43. La deuda del alma.
La espalda de Valentina chocó contra la pared fría junto al ventanal. El impacto le arrancó un gemido ahogado. La ciudad de Milán brillaba a su espalda, un mosaico de luces lejanas que nada tenían que ver con el infierno íntimo que ardía entre ellos.Renzo la mantenía sujeta solo con la presión de sus manos en sus muslos. La camisa blanca se había arremolinado alrededor de su cintura, dejando al descubierto la piel caliente de sus caderas. El cristal helado contrastaba con el fuego que irradiaba el pecho de él contra el suyo.—No voy a ser cuidadoso —advirtió Renzo, con la voz rota. Su frente se apoyó contra la de ella. Los ojos negros buscaron los de Valentina en la penumbra—. Llevo demasiado tiempo esperando.—¿Desde cuándo? —susurró ella coqueta, enredando los dedos en el cabello húmedo de su nuca. Aunque lo sabía perfectamente.—Desde que estuvimos juntos por última vez en la cubierta del yate. Desde que me dejaste y desde cada maldita noche que desperté empapado en sudor soñando
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