Capítulo 35. El pulso en el coche.
Valentina abrió los ojos de par en par. El corazón le dio un golpe fuerte contra las costillas.—Estás loco —susurró ella.Se apartó del toque de él. Se pegó contra la puerta del coche. La tapicería de cuero frío le enfrió la espalda.—No hay ningún "para siempre" en ese papel, Renzo. Firmé por doce meses. Doce meses para ayudar a mi madre y luego cada quien por su lado.Renzo no retrocedió. El calor de su piel llegó hasta ella.—Ese papel ya no importa —sentenció él. Su voz era grave. Llenaba el aire cerrado del vehículo.—Las condiciones cambiaron en Sicilia. Tú me amas y yo te amo, y cuando una pareja se ama, está junta, y más cuando esperan un hijo.—Tú querías divorciarte de tu esposa.Renzo soltó una carcajada ronca. El sonido vibró en el espacio reducido. No había humor en su risa. Había pura ironía.Acortó la distancia en el asiento trasero. Atrapó las manos frías de Valentina entre las suyas. Sus nudillos despellejados rozaron la piel de ella.—Me quería divorciar de ella po
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