Capítulo 45. Cediendo ante la esposa.
—Cierto, pero también eres mi esposa. Y estás en reposo médico absoluto. —Renzo levantó la mano derecha y la señaló con el dedo índice—. Casi te desmayas ayer en el ascensor. Sangraste por las rodillas en Roma. Estás desnutrida. Te vas a quedar en este penthouse descansando y comiendo.
Valentina apretó las manos en puños sobre sus piernas descubiertas.
—No soy una muñeca de porcelana de exhibición, Renzo. Y no voy a ser una esposa de adorno que se queda encerrada mirando la pared, esperando a q