Capítulo 44. El nuevo orden.
Valentina abrió los ojos.
La luz de la mañana hería sus pupilas. Parpadeó dos veces rápido.
El lado izquierdo de la cama inmensa estaba vacío. Las sábanas oscuras estaban destendidas. Frías.
Se sentó de golpe en el centro del colchón.
No hubo pánico esta vez. No estaba en Roma. El olor a la colonia de Renzo seguía impregnado en la funda de su almohada.
Sus músculos protestaron de inmediato. Le dolía la espalda baja. Le dolían los muslos. Era un dolor sordo. Fuerte. Real. La prueba física irrefu