Capítulo 32. El destierro.
Era la madrugada en Roma.
El cielo era de un gris oscuro. El viento frío del amanecer azotó los árboles de la mansión Castelli.
Las puertas principales de madera maciza se abrieron de golpe.
Vittorio no esperó la mañana y envió a dos guardias de seguridad que arrastraron a Valentina por los pasillos. Ella se resistió. Apretó la mandíbula. Clavó los pies descalzos contra el mármol del vestíbulo, pero la fuerza de los hombres era superior. Su cuerpo estaba agotado. Sin dormir. Destruida por dentr