Capítulo 30. Trato cerrado.
El reloj digital de la pared marcó la medianoche exacta en la sede central de la Naviera Castelli en Milán.
Renzo caminaba de un lado a otro detrás de su escritorio de caoba. Sus pies pisaban la alfombra gris con fuerza. Llevaba la camisa blanca abierta. Arrugada. Las mangas remangadas dejaban ver los antebrazos tensos. Sus nudillos derechos volvían a sangrar. Había golpeado la pared del gimnasio durante horas.
Estaba agotado. No había dormido más de tres horas.
Marco, su jefe de seguridad, est