Capítulo 31. La verdad frente a sus ojos.
Renzo volvió a pegarse el teléfono a la oreja. Frunció el ceño.
—¿Qué cuenta?
—Le voy a retirar el dinero que le pagué a su inútil padre por el trato. Los voy a dejar en la ruina absoluta. Su madre no recibirá un solo centavo para su vejez. Morirá en la miseria. Y esta zorra tendrá que parir a su bastardo en un callejón. Se metieron con el apellido equivocado.
Su padre cortó la llamada con violencia, pero el corazón de Renzo dio un golpe brutal contra sus costillas. Un espasmo doloroso.
El aire