Capítulo 27. El tirano de Milán.
El vaso de cristal estalló contra la pared.
Los pedazos afilados volaron por el aire. Llovieron sobre la alfombra gris de la oficina.
—¡Lárgate de aquí! —rugió Renzo.
El director de aduanas dio un salto hacia atrás. Estaba temblando.
—Señor Castelli, el retraso en el puerto no fue mi culpa. Los estibadores...
—¡Estás despedido! ¡Largo!
El hombre salió corriendo. Cerró la pesada puerta de cristal a sus espaldas.
Renzo pateó la silla de cuero negro. La silla chocó contra el frente de su escritori