Capítulo 35. El pulso en el coche.
Valentina abrió los ojos de par en par. El corazón le dio un golpe fuerte contra las costillas.
—Estás loco —susurró ella.
Se apartó del toque de él. Se pegó contra la puerta del coche. La tapicería de cuero frío le enfrió la espalda.
—No hay ningún "para siempre" en ese papel, Renzo. Firmé por doce meses. Doce meses para ayudar a mi madre y luego cada quien por su lado.
Renzo no retrocedió. El calor de su piel llegó hasta ella.
—Ese papel ya no importa —sentenció él.
Su voz era grave. Llenaba