Capítulo 9. Una extraña en mi piel.
Massimo no esperó más. La paciencia se le había agotado en el momento en que sintió el calor de ella fundirse con el suyo.
Sin palabras, guio las caderas de Diana, buscando el contacto definitivo.
Diana se tensó por completo. El instinto de huida luchaba contra su determinación de salvar a su madre. Nunca había estado con un hombre. Su cuerpo era un territorio inexplorado, sagrado, que había guardado para alguien especial, no para un contrato de chantaje en la oscuridad.
Cuando Massimo intentó