El avión aterrizó en España bajo un cielo despejado y una luz dorada que parecía demasiado cálida para la tensión que viajaba con ellos. Durante todo el vuelo, Jeremy no habló. Desde el momento en que tomó asiento en la cabina privada, cerró los ojos y apoyó la cabeza contra el respaldo, fingiendo dormir. Su respiración era regular, controlada. Margrot lo observó en más de una ocasión, preguntándose si realmente descansaba o simplemente evitaba cualquier conversación. Leopolda, en cambio, no intentó interrumpirlo. Sabía que forzarlo solo lo volvería más rígido. Jeremy no dormía. Pensaba. La oscuridad detrás de sus párpados no traía recuerdos. No traía imágenes claras. Solo fragmentos inconexos, sensaciones que no lograba ordenar. Eso lo frustraba. La falta de memoria no era solo una ausencia. Era una atadura. No recordar significaba no poder decidir con certeza. No saber en qué confiar. No saber qué versión de sí mismo era la verdadera. Y esa incertidumbre lo irritaba prof
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