El aire dentro de la habitación se volvió denso. Tan denso que Diana sintió que cada partícula de oxígeno pesaba sobre sus pulmones.
La mano de Jeremy seguía sujetando la suya.
Firme.
Cálida.
Autoritaria.
Pero no amorosa. No como antes.
Sus ojos oscuros la atravesaban con una intensidad que la obligó a quedarse inmóvil. No había ternura en ellos. No había esa chispa suave que solía aparecer cuando la miraba en la intimidad de la noche.
Había distancia.
Había sospecha.
Había una frialda