La madrugada avanzaba con lentitud.
El hospital estaba envuelto en ese silencio profundo que solo existe antes del amanecer. No era un silencio vacío; era contenido, expectante, como si el mundo entero estuviera sosteniendo la respiración.
Jeremy abrió los ojos.
No fue un movimiento brusco.
Fue preciso.
Controlado.
Sus ojos oscuros profundos, afilados incluso en la penumbra se adaptaron con rapidez a la escasa luz que entraba por la ventana. Había en ellos una cualidad difícil de describi