El pasillo no cambió.
El sonido de los pasos lejanos siguió su curso.
Pero la declaración quedó suspendida entre ambos.
Evans no mostró sorpresa.
No era ingenuo.
Era previsible que, una vez iniciado el traslado a España, Leopolda deseara eliminar cualquier elemento que pudiera interferir con la narrativa que estaba construyendo.
Y Evans, por su cercanía con ciertos hechos… era un elemento incómodo.
—Entiendo —respondió con voz firme.
Ni una sola objeción.
Leopolda lo observó con atención.
—Agra