La habitación estaba en silencio.
Un silencio pesado.
Artificial.
El sonido constante del monitor cardíaco llenaba el espacio con un ritmo que no lograba tranquilizarlo.
Jeremy Ambrosetti estaba despierto.
Sus ojos oscuros estaban fijos en el techo blanco, pero su mente no estaba allí.
Estaba en otra parte.
En un momento.
En una sensación.
En una presencia.
Su ceño se frunció levemente.
Algo estaba mal.
No era el dolor punzante en su cabeza cada vez que intentaba moverse.
No era la