El avión aterrizó en España bajo un cielo despejado y una luz dorada que parecía demasiado cálida para la tensión que viajaba con ellos.
Durante todo el vuelo, Jeremy no habló.
Desde el momento en que tomó asiento en la cabina privada, cerró los ojos y apoyó la cabeza contra el respaldo, fingiendo dormir. Su respiración era regular, controlada.
Margrot lo observó en más de una ocasión, preguntándose si realmente descansaba o simplemente evitaba cualquier conversación.
Leopolda, en cambio, n