El amanecer en Londres llegó envuelto en una tenue luz grisácea que se filtraba a través de las amplias ventanas de la Clínica London Life. La ciudad despertaba lentamente, ajena a la batalla silenciosa que se libraba dentro de aquella habitación. Jeremy Ambrosetti yacía inmóvil sobre la cama.El sonido constante del monitor cardíaco marcaba el ritmo de su existencia, un pitido suave, regular, que confirmaba que seguía allí, luchando, sus párpados temblaron apenas una sensación extraña lo envolvía, como si su cuerpo no le perteneciera del todo. Había una pesadez profunda en sus extremidades, una presión insoportable en su cabeza, como si miles de agujas invisibles se clavaran en su cráneo.Entonces, lentamente, abrió los ojos.La luz lo obligó a entrecerrarlos de inmediato, sus labios se separaron, pero ningún sonido salió. Su respiración se volvió más consciente, más pesada. Su mirada vagó por el techo blanco, impecable, frío.No era su habitación. No era su casa. No era su mundo. Fr
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