La palabra aún flotaba en el aire.
—Me llamo… Hana —respondió Diana en voz baja, utilizando el nombre que figuraba en el gafete prestado.
Jeremy la observó con detenimiento, como si probara ese nombre en su mente.
—Hana… —repitió él — No me gusta.
El modo en que lo pronunció hizo que el corazón de Diana se estremeciera. No era su nombre. No era el nombre que él solía decir con aquella calidez íntima, en la penumbra de las noches compartidas. Pero aun así, escuchar su voz decir cualquier nom