El aire dentro del almacén parecía más pesado a cada segundo que pasaba.Diana sentía que incluso respirar era difícil, como si el entorno mismo estuviera en su contra, como si cada rincón de ese lugar quisiera recordarle que ya no tenía control de nada, que su vida, tal como la conocía, había quedado atrás en el instante en que escuchó aquellas palabras que aún resonaban en su mente con una crueldad insoportable.“He matado a tu esposo.”El eco de esa frase no desaparecía.No se desvanecía.Se repetía.Una y otra vez.Como un martillo golpeando su conciencia.Diana permanecía de pie, inmóvil, con la mirada perdida por un instante, mientras su pecho subía y bajaba con dificultad, intentando procesar algo que su corazón se negaba a aceptar.Jeremy…Muerto.No.No podía ser verdad.No podía.Su mente intentaba aferrarse a cualquier duda, a cualquier grieta en esa afirmación, pero la voz de Nathaniel, su expresión, la seguridad con la que lo había dicho… todo conspiraba en su contra.Un
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