La noche había caído por completo sobre Inglaterra.
La residencia, que durante el día parecía un lugar seguro, cálido, casi invulnerable, ahora estaba envuelta en una quietud distinta, más densa, más pesada, como si la oscuridad hubiera traído consigo algo más que silencio.
Diana estaba sentada en la sala.
La luz tenue de una lámpara iluminaba apenas su figura, creando sombras suaves a su alrededor, pero su atención no estaba en el entorno, no estaba en el espacio, no estaba en nada…
Excepto en