POV SCARLETTEl refugio de alta montaña en los Alpes italianos, donde nos habíamos desviado para desaparecer del mapa, era un santuario de piedra, pieles y fuego. Afuera, la tormenta de nieve golpeaba los muros con una furia impotente, pero dentro, el silencio era tan profundo que podía oír el siseo de las llamas en la chimenea y el latido, ahora rítmico y potente, del corazón de Klaus.Ya no estábamos muriendo.El estabilizador dorado había hecho el milagro. La sensación de ser devorada por mi propia sangre había desaparecido, dejando en su lugar una vitalidad serena, una fuerza que ya no quemaba, sino que sostenía. Me miré las manos; las venas negras se habían esfumado, y mis ojos, aunque conservaban ese verde esmeralda profundo, ya no emitían esa luz frenética de la degradación.Klaus estaba de pie frente al ventanal, observando la oscuridad blanca del exterior. Estaba desnudo de cintura para arriba, con el vendaje de su muslo ya manchado de la sangre que su cuerpo regeneraba a una
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