POV SCARLETT
La mansión olía a ozono y a muerte reciente. Tras la purga de los consejeros en el gran salón, el silencio que se asentó sobre la casa no era de paz, sino el de una fiera que recupera el aliento tras un banquete sangriento. Mateo y los pocos hombres que permanecieron leales estaban limpiando los restos de la traición, pero yo no podía dejar de mirar mis propias manos.
Incluso después de lavarlas tres veces, seguía viendo el rastro de la sangre de los sicarios bajo mis uñas. Pero no