POV SCARLETTEl aire en el laboratorio subterráneo de Arthur Dawson estaba saturado del olor a ozono, antiséptico y el hedor metálico de la sangre. Al saltar de la rejilla de ventilación, el mundo se detuvo. Mi tío se giró lentamente, su rostro demacrado por la enfermedad y la ambición, reflejando una sorpresa que rápidamente se transformó en una sonrisa gélida y triunfal.—Scarlett… sobrina querida —su voz sonaba como el roce de dos piedras secas—. Sabía que vendrías. El amor es un defecto biológico tan predecible.No respondí. Mi mirada estaba fija en Klaus, encadenado a la mesa de operaciones de cristal. Estaba pálido, casi translúcido, con tubos insertados en su cuello y sus brazos, extrayendo esa médula ósea que Arthur tanto codiciaba. Sus ojos azules, usualmente tormentosos, estaban nublados por el dolor y los sedantes. Al verme, un destello de reconocimiento cruzó sus facciones, seguido de un terror puro.—¡Corre… pajarito! —su voz fue un susurro roto, una súplica desgarradora—
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