Aria se había sobresaltado luego de la explosiva reacción de Killian, lo había visto tan vulnerable, tan hermoso sumido en esa aura de tristeza que afinaba sus facciones perfectas que había sentido deseos de abrazarlo y brindarle consuelo, no supo por qué, pero de alguna manera sentía ese momento como un deja bu, pero su reacción había hecho que ella diera un respingo y un paso hacia atrás.
Él se inclinó hasta que sus frentes se tocaron, y ella pudo oler el aroma metálico de la sangre mezclado con su perfume.
— Si vuelves a poner un pie en esta ala, si mencionas el nombre de mi madre o vienes a husmear en mis motivos, el contrato se acaba en ese mismo instante — sentenció él, y su voz recuperó el filo del acero.
La mujer apenas pudo asentir, sin que la abandonara esa sensación de que algo roto en él necesitaba repararse, pero él añadió:
— ¡Y te juro por su memoria que yo mismo llamaré al detective, te pondré las esposas y te llevaré a la comisaría sin mirar atrás!, no me obligues a el