El silencio en la mansión The Abyss nunca era absoluto.
Era una amalgama de susurros, el viento golpeando los acantilados, el crujido de la estructura de acero enfriándose tras el día y el zumbido eléctrico de los sistemas de seguridad que lo vigilaban todo.
Aria estaba acostada, con la vista fija en el techo, sintiendo el peso de la tarjeta magnética bajo su almohada.
La advertencia de Killian en el pasillo todavía resonaba en sus oídos, una vibración gélida que debería haberla mantenido bajo