Killian se dejó hundir en el azul hermoso y diáfano de sus ojos y la atrajo pa fundirse en un beso.La besó con una pasión contenida que finalmente explotó, fue un beso de hambre, de consternación, de dos personas que saben que están condenadas, pero deciden arder juntas.Sus manos recorrieron el cuerpo de ella con una posesión que ya no era actuación, sino necesidad pura que se había obligado a contener, pero ahora, ya no podía hacerlo más.Cuando se separaron, Killian respiraba con dificultad y el sudor corría por sus sienes.Metió la mano en el bolsillo de su pantalón y sacó algo, una cinta de seda, larga y suave, y la depositó en las manos de Aria.— Mañana es la cena con el padre de Bianca — dijo Killian, recuperando su máscara de acero — Julian Ashcroft estará allí, él no sabe nada, es solo un peón que Bianca ha usado como cebo.Aria ladeó la cabeza y se asqueó de la forma en la gente como los Valmont manejaban a las personas a su antojo, como si fueran fichas en su juego, o mer
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