CAPÍTULO 60La pequeña pantalla del teléfono móvil emitía un brillo azulado que iluminaba el rostro pálido de Catarina. Arriba, en la esquina izquierda, el círculo tachado junto a las palabras «Sin Señal» parecía una advertencia parpadeante. Sin embargo, Catarina parpadeó, bloqueó la pantalla y deslizó el aparato de vuelta al interior de su bolso de cuero.Al principio, decidió no prestarle demasiada atención a su falta de señal y, sobre todo, eligió no decirle absolutamente nada a Daniel. Después de todo, estaban en una cabaña rústica, adentrados en un valle boscoso a cuarenta minutos de la ciudad. La cena concluyó con una aparente normalidad. Daniel retiró los platos vacíos, rechazando cortésmente la oferta de Catarina para ayudarlo a fregar.— Tú eres la invitada —había dicho él, dedicándole una de esas sonrisas de profesor comprensivo que tan atractivas le habían parecido en la ciudad— Ve a la sala, ponte cómoda cerca del fuego. Enseguida te acompaño.Catarina obedeció. Caminó ha
Leer más