CAPÍTULO 64
Sebastian llevaba más de dos horas de pie junto al escritorio de chapa de un detective de guardia, dictando con precisión los términos de la denuncia por robo agravado, fraude y allanamiento de morada contra el ex prometido de la mujer que estaba a su lado.
Su mano derecha, oculta en el bolsillo del pantalón de su traje, no soltaba su teléfono móvil. Cada tres o cuatro minutos, con un movimiento casi obsesivo que contradecía su habitual autocontrol, Sebastián sacaba el aparato, desb