CAPÍTULO 51Mientras Catarina lidiaba con las lágrimas y confesiones en la acera, en el piso veinte, el ambiente en el despacho de Sebastián de la Torre era todo menos pacífico.Sebastián estaba de pie detrás de su escritorio, revisando un contrato de fideicomiso en su tableta. De repente, el sonido de voces elevadas en la recepción interrumpió su concentración.— ¡Señor, no puede pasar! ¡El doctor de la Torre no recibe a nadie sin cita previa! —La voz de Marta, la recepcionista, sonaba alarmada.— ¡Apártese, mujer! Soy Arturo Ledesma, no un vendedor de seguros.La pesada puerta del despacho de Sebastián se abrió de un empujón brusco. Arturo Ledesma irrumpió en la oficina, luciendo un traje gris a rayas que gritaba poder adquisitivo, pero con el rostro enrojecido por la arrogancia y la prisa. Detrás de él, Marta apareció sudando, con el teléfono en la mano.— Doctor de la Torre, lo siento muchísimo. Intenté detenerlo y llamé a seguridad, pero...Sebastián no levantó la voz. No cambió
Leer más