CAPÍTULO 69
Catarina caminaba de un lado a otro frente a su escritorio, haciendo resonar el leve repiqueteo de sus tacones contra el suelo pulido. Cada pocos segundos, sus ojos oscuros se desviaban hacia los inmensos ventanales que ofrecían una vista panorámica de la ciudad. No se atrevió a mirar la escena por la ventana. La verdad era que, a esa altura, tampoco podría ver ni escuchar demasiado; los coches parecían insectos de colores y las personas eran apenas puntos minúsculos moviéndose por