CAPÍTULO 36— Cuídate, hija. Y no trabajes tanto. Ese abogado te tiene muy delgada —dijo padre, subiéndose al autobús con una bolsa de viaje y la satisfacción del deber cumplido tras haber intimidado a Rodrigo.Catarina se quedó en el andén, saludando con la mano, sintiendo que una parte de su seguridad se marchaba por la carretera. Sin embargo, no se quedó sola. A su lado, Eloísa Soler se ajustó el pañuelo de seda al cuello y miró a su hija con una determinación brillante en los ojos.— Bueno, tu padre tiene que volver a su trabajo, pero yo soy una mujer libre —declaró Eloísa, entrelazando su brazo con el de Catarina—. Me quedaré unos días más. Necesitas compañía femenina, cariño. Y sinceramente, necesito asegurarme de que comas algo más que esas sopas instantáneas que vi en tu alacena.Catarina sonrió, resignada pero agradecida.— Gracias, mamá. Pero tengo que trabajar. Sebastián me dio el día libre hoy por el... incidente de ayer, pero mañana vuelvo a la rutina.— Perfecto. Entonce
Leer más