CAPÍTULO 33
Eloísa y Héctor estaban radiantes.
— Qué bien comimos, ¿verdad, viejo? —comentó Eloísa, abanicándose con la mano—. Y qué detalle el de Rodrigo de invitar el postre. Siempre tan caballero.
Catarina apretó la mandíbula hasta que le dolieron los dientes. Rodrigo había pagado el postre con la tarjeta de crédito que, Catarina sabía perfectamente, estaba al límite o era una extensión de la de su nueva suegra.
— Un placer, Eloísa —respondió Rodrigo, guiñándole un ojo a su ex-suegra—. Para