CAPÍTULO 36
— Cuídate, hija. Y no trabajes tanto. Ese abogado te tiene muy delgada —dijo padre, subiéndose al autobús con una bolsa de viaje y la satisfacción del deber cumplido tras haber intimidado a Rodrigo.
Catarina se quedó en el andén, saludando con la mano, sintiendo que una parte de su seguridad se marchaba por la carretera. Sin embargo, no se quedó sola. A su lado, Eloísa Soler se ajustó el pañuelo de seda al cuello y miró a su hija con una determinación brillante en los ojos.
— Bueno,