CAPÍTULO 37
Eloísa y su amiga Graciela habían decidido, en un acto de misericordia estratégica, no asistir a la cena.
El maître acompañó a Catarina hasta la mesa reservada. Y allí estaba él.
El candidato.
El hombre se puso de pie en cuanto la vio acercarse. Rafael la saludo con un beso en la mejilla.
Era guapo. Objetivamente guapo. Como un anuncio de seguros de vida o de clínica dental.
— ¿Catarina? —preguntó él, con una voz suave y educada.
— Hola. Sí, soy yo —respondió ella, extendiendo la