CAPÍTULO 35
La decisión de Héctor Soler había sido inapelable. Después de escuchar la confesión de su hija y de ser disuadido de cometer un homicidio en el departamento 7C, el hombre había exigido una sola cosa antes de marcharse al pueblo: mirar a los ojos al hombre que estaba a cargo de la defensa de Catarina.
— No me voy a ir tranquilo hasta saber que ese abogado tiene los colmillos afilados —había dicho Héctor, acomodándose la chaqueta.
Y así fue como, cinco minutos después, la inmaculada y