CAPÍTULO 15Para Sebastián, la boda de su hermana era una obligación familiar. Para Catarina, sin embargo, parecía ser el estreno de una película de Hollywood donde ella, inexplicablemente, tenía un papel protagonista.— Deja de llorar, por favor. Se te va a correr el maquillaje antes de que lleguemos al altar —susurró Sebastián, ofreciéndole un pañuelo esperaban en la entrada de la capilla.Catarina se sorbió la nariz con delicadeza, intentando no arruinar el trabajo de la maquilladora. Llevaba el vestido azul zafiro que Sofía le había regalado, y la tela se ajustaba a su cuerpo como una segunda piel, haciéndola lucir sofisticada.— Es que es muy emocionante, Sebastián —replicó ella con la voz quebrada—. Mírala. Sofía está radiante. Y tu madre... bueno, tu madre parece una generala dirigiendo tropas, pero se nota que está feliz.Sebastián la miró de reojo. No podía entenderlo. Catarina apenas conocía a su familia desde hacía pocas semanas. Su vínculo con ellos era una mentira constru
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